Cuando entró en Oviedo la expedición carlista del General Gómez, en la prensa liberal de Madrid se publicó que “la ciudad quedó desierta de toda la gente honrada, y los carlistas sólo recibieron el aplauso de la pillería de los mercados y el sanculotismo, carniceros, zapateros y albañiles. Las putas de la calle del Estanco, Rosal y otros barrios de su clase y chusma son los que hicieron el gasto de recibirles con panderetas y flores”.

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