El Comercio

05/03/2010

Guillermo F. Buergo

Los zapateros de Pimiango ejercieron el oficio de forma ambulante por todas las regiones del Norte peninsular, aunque con especial querencia hacia las zonas mineras asturianas, principalmente la cuenca del río Nalón. Esos zapateros hablaban el mansolea, una jerga gremial y defensiva para no ser entendidos por los extraños a su profesión. Y se dice que no había unidad de las tropas carlistas que no llevara en sus filas a un zapatero de Pimiango, que además era un negocio lucrativo para ellos porque así no gastaban en fonda, ropa o comida.

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