Manifiesto de Carlos VII arreglado por Guillermo Estrada.

Españoles:

Deseoso de contener hoy la efusión de sangre, he renunciado a continuar la lucha, gloriosa, es cierto, pero por el momento estéril. Si me veo obligado a ceder a la fuerza de las circunstancias, ni mi corazón desmaya, ni se ha quebrantado mi fe, y conservo intactos mis derechos que son los de la legitimidad en España.

Ante la gran superioridad del número, y más aún ante los sufrimientos de mis fieles voluntarios, contra quienes todo se había conjurado, es para mí una necesidad volver el acero a la vaina. Siguiendo las tradiciones de mi familia, conoceré el camino del destierro, pero jamás podré prestarme a convenios deshonrosos y desleales, contrarios a la dignidad del que, como yo, tiene la consciencia de lo que significa y de lo que representa.

Conocéis todos los sagrados principios que simboliza mi bandera sin mancha. En tanto que los sostenía con mano firme al frente de mis batallones, he visto caer al suelo la Monarquía extranjera y la República, violentamente implantadas en la nación española, y aún cuando el éxito no haya coronado mis esfuerzos, no es ésta una razón para que el poder de nuestros enemigos arraigue, porque las obras de la Revolución están destinadas a perecer por obra de la misma Revolución.

Mi bandera queda plegada hasta que Dios fije la hora suprema de la redención para la España católica y monárquica, que no puede menos de estar marcada en los designios de la Providencia después de tantos sacrificios. Hoy, como siempre, estoy pronto a sacrificarme por mi Patria, a la que tanto amo y a la que tanto debo,

CARLOS

Pau, 1º de marzo de 1876

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