Escrito por Fermín Canella Secades e impreso en Oviedo, en la Imprenta de Flórez, Gusano y Comp.ª

Nota preliminar y antecedentes

En Febrero de 1820 vino a Oviedo desde la Coruña el aristócrata D. Manuel de la Pezuela (andando los años el tan reaccionario titulado Marqués de Viluma) que agitó la ciudad y fundó en la calle de la Vega la primera logia (…) En 1821 ahogase un movimiento realista en Lena (…) El Bachiller Lamuño levantó otra partida realista, prontamente dispersa, y fue condenado al suplicio en días en que se renuevan disturbios absolutistas en la capital (…) Muerto el Rey (…) el partido liberal, se dispuso con gran entusiasmo a sostener la causa de la Reina niña (…) Formaron a su lado la mayoría del ejército, aristocracia, alto clero con excepciones, los empleados, mucha gente principal de propietarios, agricultores, industriales y comerciantes, literatos y periodistas (…)

(…) es de suponer la alteración de la provincia, vencido el carlismo, que aquí tenía no pocos partidarios. Comenzó el cambio de cosas con el desarme habilidoso de los Voluntarios realistas, mientras se entregaban armas a liberales para contribuir al orden público. Aparece la partida carlista de Baiña, extendida a Laviana, Langreo y Lena, prontamente sofocada; y anunciadas Cortes en 1834, agitase en oposición sin fruto el partido absolutista, como en Villaviciosa, con provocativos y calumniosos pasquines denostando a los liberales, diciéndose “que el Jefe político de los años revolucionarios y de Constitución venía a la villa a quitar la religión de Jesucristo, negando a Dios, etc.”, llamando impíos y asesinos a sus partidarios (…) En la tertulia ovetense del Coronel Lombán Castrillón, donde se reunían los más distinguidos liberales de la ciudad y provincia, se ayudaba de mil maneras al “Gobierno isabelino” y al terminar aquel año de 1834 se dieron elementos para ahogar una conspiración de estudiantes en favor del Pretendiente Carlos V. Fue también por entonces cuando se eligió y congregó por última vez la secular Junta General del Principado (…)

En 1835 sufrieron Oviedo y otros pueblos del Principado el azote del cólera-morbo, presenciaron la abolición de conventos y de sus frailes, lo que agitó el sentimiento religioso y político del país, principalmente de los carlistas, acusando el Gobernado militar a Madrid como era el Palacio episcopal un foco fomentador de las facciones. Fallece el Prelado Sr. Ceruelo, y en el mes de Junio de 1836 llegó a la capital una división carlista mandada por el entendido Gomez, que realizó por toda España una notable y atrevida expedición, aunque sin gran resultado; en Barco de Soto dispersó la pequeña fuerza del Ejército y Milicia, que mandaban el Coronel Pardiñas y el Comandante Vereterra Carreño, después marqués de Gastañaga; pero Gomez marchó prontamente hacia Galicia, llevando algunos soldados y milicianos prisioneros, fondos y vitualla; y sí logró levantar aquí el espíritu de sus correligionarios, fueron éstos contenidos por la inmediata llegada de Espartero (…)

El pretendiente D. Carlos renunció en su hijo Montemolín, que en su proclama se presentó en vano más conciliador (…) Coincidía esto con chispas de nueva intentona carlista y reacción general en Europa en días en que prevalecían los portentosos escritos del insigne Balmes y las doctrinas ultramontanas del elocuente Donoso Cortés, que constituyeron el fondo del posterior partido neo católico ()

[1854] la desamortización que tanto afectaba al clero, se produjo la ruptura con Roma y la vacilación de la Reina, mientras aparecían nuevos chispazos carlistas y motines de significación socialista anarquista (…)

Fue el bienio periodo de gran movimiento cultural y de esperanzas realizadas cuando el “Ateneo” y la “Academia” de Oviedo donde contendieron distinguidas personalidades como el demócrata Pedregal, el neo-católico Caso y otros, sobre “Derechos y Deberes”, “Libre-Cambio y Protección” (…)

Trascendían asimismo a nuestra comarca (…) la encíclica “Quanta cura” y el “Syllabus” ahondando las diferencias políticas, y motivando el celo religioso algunos cambios y direcciones hacia el campo ultramontano, como se notó más en vísperas de la ya próxima Revolución

[1869] Al mismo tiempo resucitaba vigoroso el partido carlista a impulsos y contra la libertad de cultos proclamada en el Código fundamental (…) como si no fueran bastantes nuestras guerras intestinas, muy principalmente la carlista bajo los lemas de ¡viva la Religión!, ¡vivan los Fueros!, ¡abajo el Extranjero!, etc. (…)

Pidal, ya ministro, llamando a las derechas católicas y a los carlistas (las honradas masas) debilitando y abriendo brecha entre los partidarios de D. Carlos; y cuando los Nocedal se preparaban a la implantación del integrismo (…) A Sagasta sucedió Silvela en 1899 en unión del General Polavieja y el catedrático Durán con asomos estos de doctrina regionalista y ultramontana.

[1869] Fue muy movida y accidentada la contienda electoral para las Constituyentes en que participaron del triunfo los carlistas en unión con progresistas y unionistas (…) Los diputados Estrada y Díaz Caneja fueron notorios entonces en el Congreso por su defensa de la unidad religiosa, y los muchos partidarios de esta nota histórica española agitáronse doloridos en funciones de desagravio por las violentas declaraciones antirreligiosas del catalán Suñer, y hasta aparecieron algunas fugaces partidas carlistas, mientras discutían acaloradamente en cada campo los círculos, comités y respectivas “juventudes”, siendo notables las veladas y sesiones de los católicos, no mucho después constituidos en el primer Círculo de Covadonga (…)

[1872] se verificó el alzamiento carlista de Aller dirigido por Rosas, procedente de la primera guerra civil, formándose partidas que recorrieron el Principado. (1)

(1) Con Rosas vinieron al campo los burgaleses Puente (L. y M.), Alonso, de Morcín, Faes, el médico García, el poleso Sánchez (a) el Tirrio, Cienfuegos, Peñalva (R. y D.), el diputado Naves, Valdés (M.) y sus sobrinos Adolfo y Victoriano, etc., etc.; poco después el catedrático Viguri, Mazón, Valenciano, estudiantes y seminaristas; llegó también como comandante Amat (V.), reemplazado luego por el prebendado leonés Milla. Unos y otros hicieron excursiones por la provincia sin éxito grande, llegando a las de León y Lugo, perseguidos por escasas fuerzas del Ejército, Guardia civil, carabineros y voluntarios, con mútuos encuentros y persecuciones, algún combate y escasa resistencia notoria, como la del liberal Canella (B.) en Sobrescobio, pero ya cuando el grueso de las fuerzas carlistas se había marchado al Norte desde 1874.

(…) También por aquella se verificaba la reorganización del partido carlista por su Jefe nacional Marqués de Cerralbo, y entonces fue designado Jefe regional en Asturias el reputado y sabio profesor y publicista Estrada Villaverde y sucesivamente Argüelles Riva, Diaz Ordóñez (J.), Valdés Mones (R.), Valdés y Valdés (A.), Muñiz y Montes (C.), hasta casi ayer, porque no nos es posible seguir en nuestros apuntes un riguroso orden cronológico. Pidal seguía su política de atracción de los tradicionalistas, debilitando sus filas (…) (1); y aconteció el rápido paso por Asturias, en el más riguroso incógnito, de don Jaime de Borbón, dejándose solamente ver y acompañar de su representante el sabio Estrada.

(1) Por aquellos años, y en folletín de El Correo de Asturias, se publicaron unos “Recuerdos locales” que también contenían muy curiosas noticias políticas asturianas, que eran anotados y adicionados con acierto y gracia en Las Libertades; y aunque no firmaron estos trabajos debiéronse a los Sres. Polledo (V.) y Estrada (G.).

En el conglomerado de “las derechas” figuran en primer término los tradicionalistas y con más relieve el partido carlista, que en la parte central montañosa ha tenido mucha significación, y aún hoy no le faltan fuerzas para pesar en las contiendas políticas. Resurgió con cierto vigor, según indicamos, tras de la revolución de Septiembre y en la guerra civil, de que hicimos mérito; después tuvo años de letargo y debilidad, pero otra vez volvió a retoñar -coincidiendo con la residencia en Oviedo del sabio catedrático Barrio y Mier, diputado prestigioso, jefe del partido -aunque no llegó al alcance antiguo. Ha combatido con su fe monárquica en mayor o menor alianza alguna vez con los conservadores históricos, queriendo tomar ahora un matiz regionalista tornando a fueros o resurrección de viejas instituciones a las que no sería fácil darles la vida que tuvieron, por mas que convenga acabar con el centralismo y dar a la región una vida amplia y descentralizada, aunque sujeta siempre a la unidad nacional, porque esta debe estar, en nuestro humildísimo entender, por encima de todo. Sostiene tal propaganda política desde su mencionado Círculo de Covadonga que han presidido Díaz Ordóñez (J.), Argüelles Meres (S. y C.), Armada (P.), Díaz Agüeria (R.), Díaz Valenciano (E.), Meras (J.) etc.

Diputados a Cortes:

D. Alejandro Menéndez de Luarca, abogado, periodista, orador, muy notorio en las filas tradicionalistas; desde 1866.

D. Guillermo Estrada Villaverde, tan citado en el texto con el amor entrañable que el autor de este folleto profesaba a su sapientisimo y bondadoso maestro; desde 1869.

(…)

D. José Indalecio Caso, de agitada vida política y forense, poseedor de extraordinario talento y variado saber.

(…)

Del partido carlista, renaciendo de su último retraimiento, Mella, recien venido a su cuna, dispuesto a insistente llamamiento.

[Diputación provincial] 1868-1871

Resurgió entonces, con no escasa fuerza el partido carlista dirigido por la “Junta provincial católico-monárquica”, compuesta por los señores siguientes:

D. Domingo Díaz Caneja, D. Guillermo Estrada y Villaverde, don Gaspar Cienfuegos Jovellanos, D. Dionisio Menéndez de Luarca y Argüelles Quiñones, D. José M. Cavaniles y Centi, D. Bernardo Alvarez Terrero y Valdés de Leiva, D. Santiago Argüelles de la Riva, D. Juan Valdés Mones, D. Atanasio Avila de la Riva, D. Francisco S. Palacio y Fernández Arango, D. Rafael Valdés Mones, Torcuato Hevia y don Manuel Fernández y Fernández.

Cuando la última guerra civil, la Junta central carlista de esta provincia, de acuerdo con las de concejos, círculos y prensa tradicionalista, acordó ofrecer a D. Jaime Fernando, hijo del pretendiente D. Carlos de Borbón y Este, una insignia asturiana de los Príncipes o Cruz de la Víctoria. La ceremonia de presentación por los comisionados carlistas Sres. D. Guillermo Estrada Villaverde, presidente; D. José Canga-Argüelles y Villalva, conde de Canga-Argüelles, D. Gaspar Cienfuegos Jovellanos y Argüelles, D. Dionisio Menéndez de Luarca y Argüelles Quiñones, D. Emeterio Miranda y Prieto, D. Rodrigo González de Cienfuegos Navia Osorio y D. Enrique Fernández Rojas, se celebró en 2 de Agosto de 1870 en el palacio de La Faraz, cerca de La Tour, cantón de Vaud (Suiza), leyendo el sabio catedrático de la Universidad de Oviedo señor Estrada un mensaje a nombre de los carlistas de Asturias.

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