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El Pueblo Astur, “Diario Social”, nº 443, (26/07/1914), p. 2.

POR LA MAÑANA

Misa y Comunión. – Llegan más correligionarios. – Asamblea regional.

Las solemnidades con que los jaimistas celebraron ayer la fiesta de su Caudillo, constituyeron un éxito resonante para el Círculo Tradicionalista de Gijón y para el Directorio general del partido, que con tanto entusiasmo y fe han organizado los actos de ayer.

La presencia del ilustre Larramendi dio a la fiesta una nota de brillantez que eficazmente contribuyó al éxito obtenido.

Por la mañana, en las primeras horas del día, se izó la bandera que corona el escudo del Circulo Tradicionalista y se engalanaron los balcones del mismo con colgaduras que ostentan el escudo de la Casa de Borbón.

A las ocho se celebró en la iglesia de San José una misa, durante la cual comulgaron cerca de doscientos jaimistas, no haciéndolo más, porque a hora tan temprana no podían llegar los demás correligionarios de la provincia.

En los trenes de Langreo y del Norte llegaron a Gijón algunos jaimistas, que desde todos los pueblos de Asturias acudían para asistir a la asamblea y demás actos celebrados.

Muchos suspendieron su viaje, en vista del aplazamiento del mitin.

A las diez, y en los salones del Círculo, dió principio la asamblea, presidiendo el jefe del Directorio regional, señor Noval, y los señores Estrada y Zaldúa, miembros del mismo, actuando de secretario don Bernardo Ortea.

Se adoptaron numerosos acuerdos, relativos a la actuación social y política del partido en Asturias y a la organización militar de los Requetés provinciales.

Quedaron zanjadas definitivamente pequeñas diferencias que existían entre algunos elementos del partido, distanciados durante algún tiempo de la vida política activa, y después se dió por terminado el acto, dirigiéndose todos los asistentes al banquete con que se obsequió a don Luis Hernando de Larramendi.

Con grandes aclamaciones se acogió el nombramiento para jefe regional del partido, de don Ildefonso Noriega, que inmediatamente se posesionó del cargo, entre una ovación estruendosa.

Los acuerdos adoptados por los jaimistas en la asamblea de ayer, se traducirán en una activa propaganda por toda la provincia.

A LA TARDE

Banquete concurridísimo. – Las «Margaritas». – Los brindis.

En el «Recreo Madrileño», de La Guía, se celebró, a la una de la tarde, un animadísimo banquete, al que asistieron 125 comensales.

Reinó durante el acto la más franca animación y cordialidad, confraternizando los jaimistas de Gijón con los del resto de la provincia.

A los postres, llegó una Comisión de lindas jóvenes, en representación de la Agrupación femenina jaimista llamada la «Margarita».

Fueron recibidas con una nutrida salva de aplausos y muchos vivas a la mujer jaimista.

Al final se iniciaron los brindis, siendo el primero en hacer uso de la palabra el entusiasta joven don Fernando Fernández, que en frases breves, cariñosas, dirigió un saludo a todos los asistentes al acto, en nombre del Círculo Tradicionalista de Gijón, siendo muy aplaudido al terminar.

En nombre del Requeté, habló don Francisco Luis, que después de saludar a las bellas señoritas que se hallaban presentes, dió la bienvenida al señor Larramendi y a los correligionarios de la provincia, terminando con un viva a don Jaime, que fue unánimemente contestado.

El capellán del Requeté hizo después uso de la palabra, expresando su satisfacción por la brillantez que revestía el acto que se celebraba y que estimaba como una señal del triunfo del jaimismo en Gijón en una fecha próxima.

El señor Baizán, presidente del Círculo de Noreña, pronuncia breves palabras, y brinda por el Círculo de Gijón, por el jaimismo y por el triunfo de la idea.

El veterano don Damián Ruíz, leyó una hermosa poesía sobre la guerra carlista, y el joven don Marcelino Alvarez Sala, otra, saludando al señor Larramendi.

En representación de las «Margaritas», la virtuosa joven Matilde Prieto leyó unas cuartillas, saludando a todos los presentes.

Discurso del señor Larramendi

Al aparecer en la tribuna que se había improvisado, el culto abogado madrileño, es acogido con grandes aplausos y vivas, que durante unos minutos le impiden empezar su discurso.

Hecho el silencio, comienza su oración, cuyo extracto publicamos a continuación.

– Cada día estoy más satisfecho de hallarme entre vosotros y tengo que aumentar mis sentimientos de afecto para corresponder al cariño que me dispensáis, y mi agradecimiento, porque con vuestro entusiasmo, que une a nuestros corazones, servís de ejemplo y dáis estímulo a las demás regiones, en vuestra lucha por nuestros ideales y por nuestra bandera.

La aurora de venturas que se cierne sobre nuestra Patria, no podrá llegar sino por el triunfo de esos ideales, triunfo que vendrá, porque así nos lo hemos propuesto nosotros, que tenemos fuerza para ello, y por la virtualidad misma de esos ideales, que se impone siempre.

Esta reunión me recuerda, con gran complacencia mía, días pasados de lucha, en que tuve por compañeros a algunos de los que hoy me escuchan.

Yo no soy orador ni quiero serlo; pero vivimos en una época de democracia política, en que por la palabra se hace todo; se embauca a las muchedumbres y se abre la puerta para el disfrute del presupuesto; haciendo preciso que los que sentimos y profesamos la verdad, salgamos a confesarla y difundirla, para derrotar a los perturbadores de la paz social, después de haber luchado con ellos.

Por eso, sólo por eso, los que amamos la vida de estudio y la contemplación de la verdad desde nuestro gabinete, hacemos el sacrificio violento de abandonarlo y salir a luchar a la plaza pública, para dar la comunión de la verdad al pueblo, que es un menor de edad, y que en virtud de las propagandas liberales, se ha convertido en un rebaño de corderos, o, como decía un famoso político, «en una manada de pavos, que hay necesidad de guiar con una vara».

A ese pueblo, de quien se aprovechan para sus ambiciones y le traicionan después de que han subido, despreciando los ideales que predicaron y cambiando de programa, según ese nuevo tema que es llamado evolucionismo, transformismo o reformismo, y cuyo verdadero nombre es el de cuquismo. (Gran ovación).

Muchos de los que me acompañasteis en la campaña electoral que realicé en Oviedo, recordaréis que no confiábamos en el triunfo de obtener el acta; luchábamos contra enemigos muy poderosos; contra el caciquismo rojo y contra el caciquismo blanco, y luchábamos sin dinero y sin medios, cosas ambas que sobraban a nuestros adversarios.

Recuerdo con orgullo, porque no es gloria mía sino de todos, que, mientras hubo oradores elocuentísimos, de quien se rieron hasta las mujerucas de los pueblos, yo hablé en Langreo y Mieres ante públicos hostiles, presentándome sin aparatos, y aquellos obreros, que habían oído siempre lo contrario a lo que yo les decía, y leído en folletos y revistas propagandas opuestas a la que yo hacía, tuve la honra de que se convencieran y en el gozo de que rompiesen las candidaturas de los adversarios y estrecharan mi mano, por la satisfacción que mi discurso les había dado, al ofrecerles lo más que puede ofrecerse: mi vida. (Nueva ovación).

Han sido muy felices los momentos que pasé en Gijón, en esta villa hermosa, que no solo da satisfacción a los sentidos sino al espíritu también, pues en ella resplandecen todas las virtudes de la hermosa alma asturiana.

Dedica después algunos párrafos a elogiar el Requeté de Gijón, animándole a proseguir la labor comenzada.

Hay ahora –dice después- un movimiento popular, que tiene muchas de las virtudes del jaimismo, y es el maurismo.

Muchos que nos desconocen y ansían encontrar un partido donde defender algo noble, creyendo que Maura, no solo por su acción positiva, sino por la injusticia que con él cometieron la masonería y el apachismo europeo, dejaron correr sus nobles aspiraciones alrededor de él.

Mientras el maurista va por un lado, casi de acuerdo con nosotros, el jefe va otro muy distinto, es un antítesis; no produce un fruto sazonado, como hizo en las Cortes, donde no correspondió a esas aspiraciones.

Allí tuvo frases cursis, como aquella de que es ridículo pensar en dar la batalla a la revolución, cuando, quiera o no, la revolución se la está dando a él.

Ese movimiento representa, en definitiva, que hay muchos tradicionalistas que no saben cómo se llama lo que sienten y esperan solo que una voz les diga, como a Lázaro: «Levántate y anda».

Es preciso recoger y encauzar estas fuerzas, porque corremos peligro de que las gentes que salieron de casa al calor de este movimiento y ven que no es lo que esperaban, vuelvan a retraerse de la vida pública y se haga peor la situación de la Patria y más difícil dar la voz antes citada.

Señala después la importancia que el movimiento tradicionalista ha de adquirir en Asturias, felicita a los jaimistas por el nombramiento de don Ildefonso Noriega para jefe regional, y dedica un párrafo brillante a encomiarle justamente.

La fiesta que preparabais era la bendición de una bandera, de la bandera española, no la de los republicanos, que no sabemos de dónde es, pues hasta desconocemos, por sus colores, si estamos en España o en el extranjero.

Una bandera representa grandes principios, y su mástil podía hacernos pensar que pudo ser mejor reja de un arado o guía de una nave o instrumentos industriales, pero es más, mucho más, es el conjunto de la Religión, de la Patria y de la Monarquía tradicional, que es la monarquía del buen sentido.

Es la Religión; yo no voy a hacer una evocación, conmovido ante esta palabra, desde el punto de vista místico, como si fuera en un sermón; voy a hablar del aspecto externo, donde la Religión se confunde, para demostrar, o mejor dicho, para recordar que todas las fuentes de ventura se alientan dentro y al amparo de la Religión.

Aquellos frailes que cuando se vilipendiaba el trabajo, fueron los únicos que de él hicieron un culto, protegiendo la agricultura y la industria. Que abandonaban el mundo para construir caminos y constituir hermandades con que defenderlos, para levantar hospederías donde auxiliar a los viandantes, para producir y guardar las joyas de todas las bellas artes.

Los grandes pintores, arquitectos, escultores, todos cuantos cultivaron las artes, ¿qué huella, qué recuerdo hubiesen dejado, sin los monjes y sin la Iglesia?

Todas las actividades que producen una labor fecunda, estuvieron amparadas por la Iglesia, y cuando ésta se vió encadenada, como en la revolución francesa, los hombres llegaron al colmo de la animalidad, deleitándose en comer corazones de clérigos, y entonces también declinaron las artes y las industrias.

También significa Patria esa bandera; la Patria que algunos seudopensadores niegan, aspirando a realizar una humanidad sin fronteras, sin fijarse en que niegan al individuo, cuando no saben de dónde salió.

Hay un problema en el que se ve perfectamente el sentimiento de la Patria, y es el de la guerra de Marruecos. Hoy se odia la guerra por una sensiblería; no podemos convenir en que es una ingerencia en otros países, para la cual se arrancan los hijos a las madres, para hacerlos luchar y morir sin que nadie responda de ellos.

La guerra, según sus adversarios, es la antítesis de la civilización, y sin embargo es todo lo contrario.

El pueblo débil, que no se defienda con la guerra, se encuentra luego con que el fuerte no deja a sus hijos ni donde ganar el pan.

Por eso son una anomalía los que abominan de la guerra, que son los más cercanos a los salvajes, pues no quieren la pena de muerte y luego matan; llevan banderas blancas como los anarquistas, y luego, desde sus tugurios, buscan solamente medios de destruir.

No quiere esto decir que yo sea defensor de la guerra actual. Cuando leí las frases de Mella, diciendo que plegaríamos las banderas ante el conflicto internacional, yo le aplaudí, pero creo que nuestro sacrificio sería inútil, porque los directores tienen la conciencia y las manos manchadas para poder tremolar una bandera inmaculada.

Voy a terminar con la glosa de la última palabra de nuestro lema, el Rey y la Monarquía.

El Rey es el gobierno de los mejores, pues sobre el presidente de la República tiene la ventaja de su educación y de descender de una generación de reyes.

No olvidéis, jóvenes de Gijón, los consejos que os daba la linda señorita que ocupó esta tribuna. Tened siempre un recuerdo para que la sangre española vibre más fuerte que nunca, para que cuando luchéis os acordéis de que el corazón y el honor del jaimista no puede nunca quedar mal ante la mujer, y si la lucha os siega la vida, no os importe, mientras los ángeles vayan a buscar vuestra alma, las manos de otros ángeles os envolverán en los pliegues de la bandera jaimista y se juntarán para rezar por vosotros.

El señor Larramendi, que durante su oración brillantísima, fue muchas veces interrumpido por sus aplausos, escuchó, al terminar, una ovación estruendosísima, en la que se mezclaban los vivas a don Jaime, a España y al Papa-Rey.

Al final del acto, el notable fotógrafo señor Peinado impresionó algunas placas de los asistentes.

Larramendi a Oviedo. – Regresan los jaimistas de la provincia.

En el tren de las diez de la noche y acompañado de cuarenta jaimistas de la capital, salió para Oviedo el señor Larramendi, que desde allí se dirigirá hoy a Bilbao.

En la Estación se hallaban muchos gijoneses, que le despidieron con entusiasmo.

Los demás jaimistas de la región que estuvieron ayer en nuestra villa, regresaron también a sus respectivas localidades.

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