guillermo-estrada

Fuente: Artagan, Barón de, Políticos del Carlismo, Biblioteca de La Bandera Regional, Barcelona, 1913. pp. 125-128

Nació en Oviedo el día 22 de Mayo de 1834, en el seno de una familia muy apreciada en el antiguo Principado de Asturias por sus virtudes y sus talentos.

Sus abuelos ejercieron el profesorado en la Universidad de Oviedo, y queriendo ser digno de la historia de su familia, se consagró desde los primeros años al estudio, llegando a conquistar, después de una brillante carrera, una cátedra en la misma Universidad de Oviedo, en donde radicaba la ejecutoria de sus antepasados.

Sus opiniones legitimistas dataron de 1851, época en que estudiaba Derecho político. Las explicaciones de su profesor, jurídicas e históricas acerca de la legitimidad de Isabel II, y la lectura de la obra sobre Derecho constitucional de España, por el Vizconde V. Duhamel, le convencieron de que el derecho pertenecía a la dinastía tradicionalista.

Esta convicción influyó en él para que, aunque no pertenecía a la Comunión Católico-Monárquica, viviese retraído de la política hasta que triunfó la Revolución de Septiembre de 1868.

Comprendiendo entonces que había llegado el momento de defender sus ideales políticos, aceptó el sufragio de los electores de Asturias, y figuró en la minoría tradicionalista como Diputado a Cortes por Oviedo.

El señor de Estrada era ya Doctor en Derecho, Socio correspondiente de la Real Academia de la Historia, individuo de la Junta de escuelas de Oviedo y Catedrático de la Universidad de la indicada capital, y había desempeñado los cargos de individuo de la Junta provisional de Beneficencia, Magistrado suplente de la Audiencia de Oviedo, Secretario del Colegio de Abogados y Secretario, también, de la Conferencia de San Vicente de Paul de dicha capital, desde su fundación en 1855 hasta que quedó suprimida por los revolucionarios de 1868.

Este último título fue el que más estimó el señor de Estrada.

Entre los actos públicos de su vida, además de los exigidos por su carrera literaria, debemos citar las oposiciones que hizo en 1870 a la cátedra de Disciplina Eclesiástica, figurando en primer lugar de la terna, empatada con el ex-Ministro de Gracia y Justicia, D. Eugenio Montero Ríos.

Como Diputado constituyente defendió una enmienda contra la libertad de la prensa y otra en la cuestión religiosa, sosteniendo que el Estado debía renunciar al ejercicio de las regalías.

En las elecciones del año 1871, sin llegar a publicar ningún Manifiesto, porque sus ideas eran bien conocidas por todo el mundo, fue elegido Diputado a Cortes por el distrito de Laviana (Asturias) llegando a obtener 5.998 votos, y no sacando más que 1.076 su contrincante, a pesar de ser candidato ministerial y disponer, por lo tanto, de todo el apoyo moral y material del Gobierno Amadeista.

Aunque las oposiciones trabajaron en Asturias coligadas, el señor de Estrada debió su triunfó a electores carlistas, pues estos constituían la inmensa mayoría de su distrito.

Perdió su Cátedra el señor de Estrada por no querer jurar la Constitución, y tuvo el honor de ser nombrado Presidente de la Comisión asturiana que fue a Vevey para imponer al Príncipe Don Jaime de Borbón (a poco de nacer) la Cruz de la Victoria, acto muy significativo al que se dio, por cierto, más importancia en el Extranjero que en España, y con cuyo motivo fue agraciado por Don Carlos de Borbón con el título de Conde de Covadonga.

Fue vice-Presidente de la Junta provincial católico-monárquica de Oviedo, y uno de los fundadores del Casino Carlista de aquella capital, a cuyos socios dirigía con frecuencia la palabra en conferencias públicas, habiendo dedicado una serie de ellas a explicar los fundamentos jurídicos e históricos del derecho de Don Carlos. Fue también Director y principal redactor del diario La Unidad, que se publicaba en Asturias con muy buen éxito en 1869, y colaborador literario de otros varios periódicos. Por razón de su profesión tuvo que pronunciar varios discursos, tales como el de su investidura de Doctor; el de recepción como Catedrático; el de contestación a la recepción de otro Catedrático; y el inaugural de un curso académico en la Universidad de Oviedo.

Hombre de costumbres sencillas, constituía toda su felicidad la familia, de la que vivió (a pesar de ello) lejos durante algún tiempo, sacrificándose así por la Causa que defendió.

Era el señor de Estrada un orador de los más correctos en la brillante y numerosa minoría carlista de 1871. El discurso relativo al voto particular de D. Cándido Nocedal, contestando en el acto a Moreno Nieto, fue notabilísimo y le captó la admiración de la Cámara.

Durante la última guerra carlista prestó Estrada grandísimos servicios a la Causa Católico-Monárquica, ejerciendo cargos importantísimos; y en la emigración fue Secretario de Don Carlos de Borbón, y Vocal de la Junta reservada de la frontera que presidió el vice-Almirante Mr. de Viñalet.

También fue vice-Presidente de la Junta provincial Católico-Monárquica de Asturias; fundador del Casino Carlista de Oviedo; Director del diario tradicionalista La Unidad, y colaborador del Boletín Eclesiástico.

Cuando volvió de la emigración recuperó su Cátedra, y con el saber y la elocuencia que le eran característicos, con su prodigiosa y variadísima ilustración, enseñó las asignaturas de Derecho Civil, Hacienda, Derecho Internacional y, últimamente, la de Historia del Derecho.

Canonista eminente; jurisconsulto distinguidísimo; versado como pocos en la Historia; literato muy erudito; escritor intencionado y brillante, D. Guillermo Estrada fue una de las figuras más salientes de la Causa Católico-Monárquica y una de las primeras ilustraciones de España. Tan perfecto cristiano y cumplidísimo caballero falleció a fines de Diciembre de 1894 en la misma capital de Asturias en que había nacido.

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