Evaristo CasariegoMuchachos carlistas voluntarios de Oviedo y Gijón se incorporan a las Unidades del Ejército Nacional hasta la ruptura del sitio republicano de Oviedo el 17 de Octubre del año 1936. Enseguida se constituyo el Tercio de Nuestra Señora de Covadonga, al que se le encargó la defensa de un sector entre las Adoratrices y el Hospital, lugar de gran importancia por ser una puerta abierta ante una llanura de fácil penetración, y cubrir el acceso a un polvorín. En aquel Sector estaba la celebre posición avanzada que se llamó “Las Casiñas del Requeté”.

En la ofensiva del Ejercito Popular de febrero del año 1937, este sector fue defendido por una Compañía de la 8ª Bandera de la Legión (Comandante Alonso) y por el Tercio de Nuestra Señora de Covadonga, que mandaba por aquel entonces el Comandante Cañedo.

Nos cuenta el capitán de requetés Jesús Evaristo Casariego, del Circulo Carlista de Oviedo y organizador del Requeté de Oviedo:

….Por eso quiero, entre otros, dedicar un recordatorio a los mártires. Séame dado, en ese propósito, recordar la muerte llena de Gloria, de un hermano de armas y voluntario carlista: EL REQUETÉ JESÚS ALONSO CRESPO, cabo LAUREADO del LAUREADO Tercio de Nuestra Señora de Covadonga, muerto CARA AL SOL DE LA VICTORIA, cuando en España estaba AMANECIENDO.

El Heroico entre los Heroicos Requetés D. Jesús Alonso Crespo tenía veintitrés años. Era Maestro Nacional y, como HIJO DE CARLISTA NIETO DE CARLISTA Y BIZNIETO DE CARLISTA luchó hasta la muerte por DIOS LA PATRIA Y EL REY.

En la Ofensiva del Ejercito Popular “llamada Ofensiva Minera” en el mes de febrero de 1937, las fuerzas del Tercio de Nuestra Señora de Covadonga defendieron el llamado sector “Del Fresno”. Cinco batallones del Ejercito Popular Republicano atacaron aquel sector furiosamente protegidos por varios carros de combate. Las baterías y los morteros enemigos envolvían de metralla la tierra. Las débiles defensas improvisados “parapetos” saltaban por los aires. En la avanzada había unas míseras casas bautizadas después con el nombre de “Las casiñas del Requeté” donde se atrinchero una Compañía del Tercio de Nuestra Señora de Covadonga y una sección de zapadores. Accidentalmente mandaba yo aquella fuerzas, y el fuego era tan horrible y las bajas tan dolorosas que consulte al Mando la conveniencia de replegarnos sobre unas tapias, cien metros a retaguardia. Y la respuesta del mando no podía ser más lacónica, esta frase de cuatro palabras: “NI UN PASO ATRÁS”.

Se aguantó allí, clavados entre los escombros, lo que no es posible expresar. Llegó un momento en que la casita más adelantada quedo completamente destruida y muertos todos sus ocupantes. Era aquel punto esencial, porque desde el se batía la encrucijada de caminos. Pero ir allí era ir a la muerte segura. Entre el fragor del combate la voz me sonó temblorosa de emoción: ¡A ver, un voluntario!.

Se adelantó Jesús Alonso Crespo, cabo del fusil ametrallador y apuntador certero, admitido ya para los cursos de alféreces, pero que no había querido abandonar la plaza en plena ofensiva. Era un fraternal amigo mío de la infancia y uno de los fundadores de la JUVENTUD TRADICIONALISTA DE OVIEDO. Nos dimos la mano en silencio y partió arrastrándose entre las runas, con una mochila llena de cargadores y dos fusiles cruzados sobre la espalda.

TODA LA TARDE ESTUVO HACIENDO FUEGO contra el enemigo. En tres intentos de asalto diezmó las filas de Ejercito Popular. Al obscurecer, el enemigo se replegó, y contraatacamos. En la avanzadilla estaba el cadáver de mi amigo Jesús. Una Granada le había destrozado la cabeza Y SU BOINA ROJA cubría sus sesos. Entre las manos apretadas tenía uno de los fusiles; en la línea de tiro contamos hasta cuarenta y ocho cadáveres enemigos.

La Posición se había salvado y aquella noche se endulzó la intemperie del vivac con el bisbeo de una oración viril.

Los REQUETÉS, envueltos en sus capotes y sus húmedas mantas, aplicaron el santo Rosario cotidiano por el alma de Jesús Alonso Crespo que en ya estaba en brazos de su SANTINA…….

El Tercio tenía allí entonces dos Compañías de fusiles y una de ametralladoras y morteros. Otra unidad del mismo Tercio, la 3ª Compañía, con dos ametralladoras, estaba en el sector de Grado, subsector de Prioto, como avanzada en el otro extremo de la vía de comunicación abierta. Esta posición quedó cercada en el verano de 1937, y allí ocurrió el episodio del Heroico PELAYO que narramos en al apartado de PELAYOS. En aquel sector EL REQUETÉ SALVA UN CRISTO MEDIO QUEMADO Y LOS LLEVARON DESPUÉS EN TODAS LAS OPERACIONES EN QUE INTERVINIERON.

POR ESTAR COMPRENDIDOS EN LAS FUERZAS QUE DEFENDIERON OVIEDO, LOS COMPONENTES DEL TERCIO DE NUESTRA SEÑORA DE COVADONGA TIENEN CONCEDIDA LA CRUZ LAUREADA DE SAN FERNANDO COLECTIVA E INDIVIDUAL PARA EL REQUETÉ JESÚS ALONSO CRESPO.

Como último y GLORIOSO episodio, estos Requetés fueron los encargados de recoger la imagen auténtica de la VIRGEN DE COVADONGA, que estaba escondida, y llevarla escoltada hasta el Santuario DE TODOS LOS ESPAÑOLES, donde se repuso. El Tercio depositó su HEROICA Y LAUREADA BANDERA a los pies de la Virgen.

SEGUNDA ÉPOCA DEL TERCIO DE COVADONGA

En Nules el 21 de Febrero el Tercio de Nuestra Señora de Begoña se desprende de sus Requetés Asturianos, prácticamente toda la tercera Compañía para volver a formar el aniquilado Tercio de Nuestra Señora de Covadonga en la defensa de Oviedo (Laureada junto al resto de Unidades de tan Heroica defensa). Estos Tercios de Begoña y Covadonga junto con los Tercios Hermanos de San Ignacio y Nuestra Señora del Camino pasan a formar parte de la 58ª División en el mismo Cuerpo de Ejercito.

Sobre el fallecimiento de Jesús Alonso Crespo existe otro texto muy similar:

Quiero dedicar un recordatorio a los mártires. Séame dado, en ese propósito, recordar la muerte, llena de gloria, de un hermano en armas y voluntariado: el requeté Jesús Alonso Crespo, cabo laureado del laureado Tercio de Nuestra Señora de Covadonga, muerto cara al sol de la victoria, cuando en España estaba amaneciendo.

Alonso Crespo tenía veintitrés años. Era maestro nacional y, como el requeté de la bella crónica de la Unificación, que escribió Miquelarena, “hijo de carlista, nieto de carlista, biznieto de carlista”. El día que Oviedo se estremeció de unánime espanto por el rodar de la ofensiva minera de febrero de 1937, las fuerzas del Tercio de Nuestra Señora de Covadonga cubrieron el llamado sector del Fresno, paisaje triste de casas arruinadas y calles sembradas de escombros. Cinco batallones rojos atacaron aquel sector furiosamente protegidos por varios tanques. Las baterías y los morteros enemigos envolvían de metralla la tierra. Los débiles parapetos improvisados saltaban hechos añicos. Mandaba el sector un comandante, veterano de África, apellidado Cruz. En la avanzada había unas míseras casuchas, bautizadas después con el nombre de “casiñas del requeté”, donde se atrincheró una compañía del Tercio de Nuestra Señora de Covadonga y una sección de zapadores. Accidentalmente mandaba yo aquellas fuerzas, y el fuego era tan horrible y tan dolorosas las bajas, que consulté al Mando la conveniencia de replegarnos sobre unas tapias, cien metros a retaguardia. Y la respuesta del Mando no podía ser más lacónica, esta frase de “cuatro palabras”: “Ni un paso atrás”.

Se aguantó allí, clavados entre los escombros, lo que no es posible expresar. Llegó un momento en que la casita más adelantada quedó destruida y muertos todos sus ocupantes. Era aquel punto esencial, porque desde él se batía la encrucijada de los caminos. Pero ir allí era ir a la muerte segura. Entre el fragor del combate la voz me salió temblorosa de emoción: “¡A ver, un voluntario!”.

Se adelantó Alonso Crespo, cabo del fusil ametrallador y apuntador certero, admitido ya para los cursos de alféreces, pero que no había querido abandonar la plaza en plena ofensiva. Era un fraternal amigo mío de la infancia y uno de los fundadores de la Juventud Tradicionalista de Oviedo. Nos dimos la mano en silencio y partió, arrastrándose entre las ruinas, con una mochila llena de cargadores y dos fusiles cruzados sobre la espalda.

Toda la tarde estuvo haciendo fuego. En tres intentos de asalto diezmó las filas rojas. Al obscurecer, el enemigo se replegó, y contraatacamos. En la avanzadilla estaba el cadáver de Alonso. Una granada le había destrozado la cabeza, y su boina cubría sus deshechos sesos. Entre las manos apretadas tenía el fusil; en su línea de tiro contamos hasta cuarenta y ocho cadáveres enemigos.

La posición se había salvado, y aquella noche se endulzó la intemperie del vivaque con el bisbiseo de una oración viril. Los requetés, envueltos en sus húmedas mantas, aplicaron el Santo Rosario cotidiano por el alma de Alonso Crespo. Un veterano de cuerpo coloso y cana cabellera dirigía la oración, y todos rezaban lentamente, solemnemente:

Dios te salve María…

Jesús Evaristo Casariego. La Verdad del Tradicionalismo, 1940

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