Miguel Virgós y Emilio Olávarri fueron dos de los representantes del Partido Carlista de Asturias en los organismos unitarios de la oposición democrática, participando en la fundación de la Junta Democrática de Asturias en septiembre de 1974 (realizada en la Casa sacerdotal de Oviedo, en colaboración con el PCE, representado por José Luis Iglesias Riopedre, el PTE, por Alfredo Álvarez, las CCOO y varios independientes como Ramón Rañada, Cavanilles, etc.) y posteriormente en la de la Plataforma de Convergencia Democrática de Asturias (en coordinación con el PSOE, PSP, ORT y MC).

En 1975 fueron firmantes de las “Bases para un manifiesto regional” de la revista Asturias Semanal, una de las primeras manifestaciones de un nuevo asturianismo dentro de la izquierda antifranquista (RODRÍGUEZ MUÑOZ, Miguel, «El surgimiento del regionalismo y el proceso autonómico», en Historia general de Asturias, tomo XII, Silverio Cañada Editor, p. 232). Poco después, en las elecciones generales de 1977, en las que el Partido Carlista no pudo participar pues el Gobierno se negó a legalizarlo, en Asturias la consigna carlista fue el voto para la plataforma Unidad Regionalista que impulsaba el MC.

Miguel Virgós Ortiz llegó a ocupar el cargo de secretario general del Partido Carlista de Asturias y de él la GEA informa lo siguiente: «Abogado y profesor nacido en Oviedo. Cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Oviedo doctorándose en la de Madrid. Fue profesor honorario de la Universidad de Oviedo. En 1973 creó la Asamblea de Asociaciones de Padre de Alumnos Universitarios y la Asamblea de Asociaciones de Asturias (constituida [1979] en Federación, con el nombre de «Miguel Virgós»). Falleció el 10 de junio de 1978. Al año siguiente, la Fundación MAPFRE creó una beca de investigación que también lleva su nombre» (Apéndice de la Gran Enciclopedia Asturiana (1970-1980), tomo XVII, Silverio Cañada, 1981).

Emilio Olávarri Goicoechea fue el último canónigo magistral de la Catedral de Oviedo y con motivo de su fallecimiento fue publicado un artículo en el diario La Nueva España donde se afirmaba que: «De estricta formación teológica y universitaria, formado en Insbruck y en el Instituto Bíblico de Roma, se sentía tan a gusto dando sus clases en el Seminario Metropolitano de Oviedo, como dirigiendo el Instituto Español de Jerusalén, como descifrando los manuscritos del mar Muerto, como participando en excavaciones arqueológicas en Palestina, Transjordania y Jordania. Pero no se limitaba a ser un sabio escriturista, un erudito bíblico, un arqueólogo, sino que era además un hombre de muy amplia cultura y de variadas inquietudes. Muchas veces quiso impulsar la recuperación del monasterio de Obona, pero «habló en el desierto». Yo le conocí en los días azarosos de la transición, y, poco más tarde, cuando colaboró activamente con la Plataforma para la Defensa del Patrimonio Cultural y Artístico de Asturias. Carlista de don Carlos Hugo, alguna vez me confió que no estaba muy conforme con la política de Zavala, el secretario general;» (Gracia Noriega, José Ignacio, «Emilio Olávarri», La Nueva España, 24 de febrero de 2002).

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